El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno psiquiátrico que se manifiesta por múltiples síntomas, de los que tres son los más característicos (la actividad e impulsividad excesivas y las dificultades de atención).

La etiología suele ser multifactorial. La carga genética es muy importante. En gemelos es muy frecuente que ambos lo padezcan; cuando un padre lo padece la probabilidad en su hijo está próxima al 50%. Los factores no genéticos son también frecuentes pero sólo en algunos casos podrían ser la etiología principal o única de los síntomas. Con frecuencia, los factores hereditarios y ambientales están relacionados (niños adoptados, ambientes familiares y sociales desfavorables). Se han encontrado alteraciones anatómicas y funcionales en algunas regiones cerebrales, pero el solapamiento con la normalidad hace que de momento las técnicas actuales no sean de utilidad diagnóstica. Independientemente de la etiología, los datos disponibles indican una base fisiopatológica común consistente en una disminución de dopamina en ciertas zonas del cerebro, lo que explicaría la similitud en los síntomas y en la respuesta al tratamiento médico de la mayoría de estos pacientes.

Es el trastorno neuroconductual más frecuente en la infancia y una de las enfermedades crónicas más prevalentes, ya que afecta a alrededor del 2%-5% de los escolares. Los datos actuales sugieren que la prevalencia en adultos es algo inferior, en concordancia con la evolución del TDAH.

Es frecuente que los pacientes con TDAH presenten otros problemas asociados (comorbilidad): trastorno negativista-desafiante, trastorno de la conducta, trastornos del estado de ánimo y dificultades específicas del aprendizaje (dislexia, discalculia).