Las enfermedades cerebrovasculares incluyen una variedad de procesos neurológicos dependientes de la oclusión o la rotura de un vaso sanguíneo cerebral.

 

  • La oclusión de un vaso sanguíneo origina una falta de riego en el tejido cerebral correspondiente (ictus isquémico). Cuando la oclusión se resuelve en minutos, los pacientes suelen recuperarse por completo (accidente isquémico transitorio). Cuando la oclusión es prolongada, puede producirse la destrucción del tejido afectado (infarto cerebral).
  • La rotura de un vaso sanguíneo origina una hemorragia cerebral (ictus hemorrágico). Según su localización pueden diferenciarse varios tipos: 1) hemorragia epidural y hemorragia subdural, que suelen ser de origen traumático, 2) hemorragia subaracnoidea, que suele depender de la rotura de un aneurisma cerebral y 3) hemorragia intraparenquimatosa, que suele producirse como consecuencia de una hipertensión arterial crónica o una degeneración vascular asociada a la edad (angiopatía amiloide).

 

Los síntomas dependientes de un ictus se inician de forma brusca y son muy variables dependiendo de la zona afectada (p.ej. pérdida de fuerza o sensibilidad en la cara o las extremidades, alteraciones visuales, incoordinación, deterioro de las funciones superiores).