Los niños y adolescentes tienen un patrón de sueño con unas características específicas ligadas a la edad y a la inmadurez fisiológica. La UPMS es una estructura asistencial donde se obtiene información acerca del sueño de estos pacientes, en un entorno amable que favorece la colaboración del niño. En la UPMS trabajan profesionales con amplia experiencia en su manejo, que colaboran de manera conjunta en un abordaje multidisciplinar (pediatría, neonatología, neurología, neumología, neurofisiología clínica, ORL, cirugía máxilofacial, psicología, psiquiatría).


Esta unidad pediátrica permite desarrollar las mismas técnicas que en los adultos y tiene capacidad para diagnosticar todos los trastornos de sueño que pueden aparecer en niños, incluidos lactantes, y en adolescentes (83 patologías, clasificadas en 7 categorías).  Según la Sociedad Española de Sueño, un 25-30% de las consultas al pediatra están relacionadas con problemas relacionados con el sueño. En niños, los más frecuentes son los insomnios (20%), el síndrome de piernas inquietas o SPI (2% de niños y adolescentes, 20% en niños hiperactivos) y el síndrome de apneas-hipopneas de sueño o SAHS (3-4%).

Programa de:

¿QUÉ SÍNTOMAS PUEDEN REFLEJAR UN TRASTORNO DE SUEÑO?

Las necesidades de sueño son variables según la edad y factores constitucionales, con una duración recomendada (en 24 horas) que alcanza las 18-19h en recién nacidos hasta las 8-10 horas de sueño diarias en los adolescentes. Sin embargo, en muchas ocasiones, el sueño insuficiente o excesivo se manifiestan como:

  • Despertares frecuentes o prolongados durante la noche
  • Problemas para conciliar el sueño
  • Cansancio o falta de energía por la mañana
  • Ronquidos nocturnos o ruidos respiratorios anormales
  • Pausas respiratorias durante el sueño
  • Excesivo sudor nocturno
  • Problemas de rendimiento escolar
  • Inquietud diurna, impulsividad, falta de atención, irritabilidad
  • Sonambulismo (camina dormido), terrores nocturnos (gritos y llantos con marcada agitación)
  • Somnolencia diurna excesiva. (en En niños mayores de 5 años, puede manifestarse solo como necesidad de dormir siesta).
  • Debilidad al reírse o muecas faciales en momentos inapropiados
  • Cefaleas Dolores de cabeza frecuentes, sobre todo matutinas
  • Rechinar de dientes en la noche

ABORDAJE DE LOS PROBLEMAS DE SUEÑO EN LA INFANCIA-ADOLESCENCIA

Se debe realizar una historia médica detallada, explorando al niño, midiendo peso y talla, observando la garganta y preguntando por  incluyendo los antecedentes del paciente, y de los padres y hermanos. Se efectúa una exploración general completa, incluyendo medidas de peso y talla, y especial atención a la orofaringe. Además, se deben utilizar cuestionarios específicos a cada patología, para poder solicitar las pruebas complementarias adecuadas y prescribir el tratamiento ajustado a la patología y a la edad del niño.

PRUEBAS DIAGNOSTICAS: 

Con frecuencia será necesario realizar una polisomnografía (PSG), estudio estandarizado que permite el registro nocturno de la actividad cerebral, muscular, ocular, respiratoria y cardiaca, con sensores adaptados al tamaño del paciente. En otras ocasiones deben realizarse estudios diurnos, como el test de latencias múltiples de sueño (con las consideraciones específicas en preadolescentes y adolescentes), el test de mantenimiento de vigilia o el test de inmovilización sugerida. El horario de inicio y finalización de los estudios deben tener en cuenta el horario de sueño habitual en las diferentes etapas de la infancia. La habitación está ubicada en un entorno amable, sin amenazas y dispone de un sillón-cama adicional para que el cuidador (padre/madre/tutor) permanezca con el niño durante el estudio. El personal técnico está entrenado en la realización de la técnica en niños y la interpretación de las pruebas es realizada por médicos especialistas con especial competencia en los registros pediátricos. En algunos casos, puede ser necesario realizar análisis de laboratorio o técnicas de neuroimagen.

TRATAMIENTO: 

Como en los adultos, tras el diagnóstico, se planificará un tratamiento individualizado, que puede incluir:
  • Terapia farmacológica
  • Tratamiento cognitivo-conductual
  • Dispositivos de ventilación aérea
  • Técnicas ortodónticas
  • Dispositivos orales
  • Tratamiento quirúrgico

PATOLOGÍAS DE SUEÑO FRECUENTES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

Vamos a detallar las características diferenciales y específicas, en pacientes de 0 a 18 años, respecto a las que aparecen en adultos.

Insomnio

Como en los adultos, se define por la dificultad para iniciar el sueño, despertares frecuentes o prolongados y/o agitación nocturna con sacudidas bruscas en las piernas y quejidos. En la infancia es frecuente el insomnio conductual, que se manifiesta con asociaciones inapropiadas. El niño necesita mecimiento, biberón, presencia de los padres para iniciar el sueño o para volver a dormirse si se despierta. Hay ausencia de límites establecidos. El niño muestra resistencia a irse a la cama y, frecuentemente, lo hace con protestas. Este tipo de insomnio mejora significativamente con un tratamiento conductual, adaptado a nuestro medio y a la estructura familiar. En otros casos existe relación con anemia, intolerancias alimentarias (incluida la enfermedad celíaca) o ánimo depresivo, precisando  un tratamiento específico.

Síndrome de apnea-hipopnea obstructiva del sueño (SAHOS)

También se manifiesta por la presencia de ronquido, y obstrucciones de la vía aérea durante el sueño. En consecuencia, el sueño no es reparador, por lo que los pacientes presentan hiperactividad y déficit de atención, a diferencia de los adultos, en los que se manifiesta como una somnolencia diurna. La causa más frecuente en niños es la hipertrofia adeno-amigdalar (80%), resolviéndose en la mayoría de los casos con un tratamiento quirúrgico. En el resto de los pacientes suele existir una malformación de macizo facial. La asociación SAHS y sobrepeso-obesidad es cada vez más frecuente, con similares características que en los pacientes adultos.

Síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL)

El SMSL se caracteriza por el fallecimiento súbito de un bebé menor de un año de edad, aparentemente saludable. Este trastorno se ha relacionado con diferentes factores tales como acostar al niño boca abajo, exposición del bebé al humo del tabaco, prematuridad, y constitucionales, como la inmadurez fisiológica inmadurez fisiológica, probables eventos respiratorios durante el sueño o una disfunción de ciertas estructuras cerebrales, también con manifestaciones que aparecen durante el sueño.

Síndrome de piernas inquietas

Menos frecuente que en adultos y con sus mismos síntomas (necesidad urgente de mover las piernas, en muchos casos acompañada de sensación desagradable o dolor en las piernas, que aparece en reposo, empeora por la tarde-noche y mejora al moverlas). En niños y adolescentes a menudo existen antecedentes familiares y se asocian, con frecuencia, al trastorno por déficit de atención e hiperactividad y a déficit de hierro, con un tratamiento que mejora significativamente los síntomas.

Narcolepsia

Trastorno caracterizado por una somnolencia diurna excesiva diferente a los adultos (en niños, las siestas pueden ser prolongadas, no reparadoras y no irreprimibles), con debilidad que, a diferencia de los adultos, aparece con mayor frecuencia en músculos faciales, no siempre provocada por las emociones. Igualmente, el sueño nocturno está muy fragmentado, con alucinaciones al despertar o adormecerse y episodios de parálisis del sueño. La narcolepsia es una enfermedad rara, con mayor frecuencia en la adolescencia, relacionada con la autoinmunidad frente a un grupo específico de neuronas que sintetizan un péptido denominado hipocretina. El tratamiento sintomático de la narcolepsia permite realizar las actividades habituales, con supervisión y mejora significativa de la calidad de vida.

Parasomnia

Estos eventos indeseables durante el sueño aparecen como consecuencia de una disociación de fases de sueño. En niños, las más frecuentes son los trastornos de la transición entre la vigilia y el sueño (terrores nocturnos, sonambulismo), a menudo relacionadas con factores genéticos y con una menor prevalencia en la adolescencia y edad adulta.  En muy pocos casos es necesario instaurar un tratamiento farmacológico, resolviéndose fácilmente en la mayoría de los casos.

Trastorno del ritmo circadiano

En los adolescentes, a menudo, su “reloj biológico” (núcleo supraquiasmático cerebral) se encuentra retrasado respecto al ciclo natural noche-día. Como consecuencia de este fenómeno, se produce un trastorno denominado “síndrome de retraso de la fase del sueño”, caracterizado por un retraso de la conciliación de sueño, que provoca un sueño escaso en el periodo escolar, cuando debe despertar pronto. Esto se traduce en fatiga y somnolencia diurna apatía, desmotivación, irritabilidad, oposicionismo y, en última instancia, depresión y fracaso escolar. El tratamiento de este trastorno es sencillo, consiguiendo la resolución de los síntomas.
  • ¿QUÉ PUEDE PASAR SI MI HIJO NO DUERME BIEN?

    Las consecuencias de un trastorno de sueño se manifiestan como:

    • NEUROPSIQUIÁTRICAS: somnolencia diurna, fatiga, irritabilidad, apatía, pérdida de concentración, déficit de atención, hiperactividad paradójica, fracaso/menor rendimiento escolar.
    • ENDOCRINO-METABÓLICAS: incremento de peso, obesidad, escaso crecimiento, resistencia a insulina (o mal control de la Diabetes Mellitus)
    • CARDIO-VASCULARES: hipertensión arterial, cefalea, arritmias cardiacas, trombosis, insuficiencia cardiaca, hipertensión pulmonar, etc.
    • INMUNOLÓGICAS: predisposición a infecciones, peor evolución de patología subyacente, etc.
  • HÁBITOS DE SUEÑO SALUDABLES EN NIÑOS Y ADOLESCENTES
      1. Mantener un horario fijo para acostarse y levantarse, incluidos fines de semana y vacaciones.
      2. Realizar ejercicio regularmente, preferentemente por la mañana y siempre al menos tres horas antes de ir a dormir.
      3. Favorecer la exposición a la luz por la mañana (preferentemente luz natural), con luz tenue al final del día y oscuridad por la noche.
      4. Permanecer en la cama el tiempo suficiente, adaptándolo a las necesidades reales de sueño.
      5. Evitar la siesta prolongada en niños mayores de 5 años (si el niño necesita dormir siesta a esta edad, es necesario consultar al médico).
      6. Evitar las bebidas que contienen cafeína y teína, el chocolate y grandes cantidades de azúcar y/o líquidos antes de acostarse. Tomados por la tarde alteran el sueño incluso en niños que no lo perciben.
      7. En adolescentes, el alcohol y el tabaco, además de perjudicar la salud, perjudican el sueño y se debe evitar su consumo varias horas antes de dormir.
      8. Mantener el dormitorio a una temperatura agradable y con unos niveles mínimos de luz y ruido.
      9. Antes de acostarse, evitar: comidas copiosas, ejercicios intensos o utilizar el ordenador en las dos horas previas al sueño nocturno.
      10. “La cama solo es para dormir”: No se debe utilizar para ver la televisión, leer, manejar un dispositivo electrónico o teléfono móvil.