Neurodesarrollo psiquiatría

Neurodesarrollo desde la psiquiatría

 

Siguiendo las recomendaciones de la OMS, las intervenciones clínicas en salud deberían ir encaminadas prioritariamente a la prevención.

En ese contexto, los primeros 5-6 años de vida de un ser humano, son cruciales para su desarrollo neurológico y mental, por ser ésta una etapa de enorme vulnerabilidad biológica en la que, determinadas circunstancias, pueden facilitar la aparición de problemas de salud que pueden afectarle durante el resto de su vida.

La prevalencia de patología psiquiátrica en la infancia se encuentra situada en un 10-15% y un porcentaje importante de ella podría prevenirse, ya que, en las etapas más tempranas el cerebro es especialmente sensible al estrés y una exposición alta al mismo, correlaciona con mayores problemas de conducta e incluso con déficits en funciones cognitivas, en el lenguaje y en las habilidades motoras, que aparecerán en etapas posteriores de la vida.

Desde la perspectiva de la promoción de la salud, uno de los objetivos fundamentales es el de promover la resiliencia, definida como la capacidad de superar las adversidades perdiendo la menor funcionalidad posible.

Hoy sabemos que algunos de los factores con mayor influencia sobre la resiliencia son: la existencia de relaciones de apego seguro desde la infancia y la consistencia educativa de los padres (con supervisión adecuada e interés en sus hijos).

Por todo ello, desde nuestra Unidad de Trastornos del Neurodesarrollo, a través de los especialistas en Psiquiatría Perinatal y del Desarrollo, queremos ofrecer a las familias los siguientes servicios:

Centro Cea Bermúdez Neurología Clínica Madrid
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  • Apoyo de trastornos de los padres asociados al deseo no consumado de embarazo
  • Acompañamiento y asesoramiento durante el embarazo, especialmente en situaciones complejas
  • Asesoramiento en la creación de un vínculo y apego adecuados, a través de la promoción de una relación padres-hijo equilibrada
  • Apoyo en situaciones problemáticas en el nacimiento (situaciones de fetos no nacidos, muerte neonatal, malformaciones, diagnósticos complejos, consejo genético, etc.)
  • Tratamiento de trastornos mentales relacionados con el embarazo y el parto (depresión postparto, psicosis puerperal, desregulaciones emocionales de los padres, desajustes de pareja, etc.)
  • Asesoramiento en cuestiones relacionadas con la crianza
  • Retrasos madurativos
  • Trastornos del neurodesarrollo (Trastornos de Espectro del Autismo, TDAH, Trastornos del Aprendizaje
  • Trastornos de conducta
  • Trastornos de conducta alimentaria
  • Trastornos de ansiedad
  • Trastornos del estado de ánimo
  • Trastornos psicóticos de aparición temprana
  • Trastornos mentales complejos en niños y adolescentes

Apego

Ya desde el momento del embarazo comienza la vida relacional del hijo que va a influir de forma crucial en el correcto desarrollo de su sistema nervioso. Una adecuada relación de la madre con su hijo le permitirá reconocer la presencia de éste y la existencia de su propio espacio (aunque sea dentro del cuerpo de ella), así como la capacidad del propio embrión o feto para comunicarse con ella y con el resto del mundo.

El estrés y la ansiedad durante el embarazo, sobre todo en los últimos meses, se ha relacionado con mayores problemas en el parto (parto prematuro, bajo peso al nacer…) y en el desarrollo temprano del niño, tanto a nivel emocional y relacional como conductual. Un apego inseguro es un factor de riesgo importante para el desarrollo de trastornos de conducta, principal motivo de consulta en psiquiatría del niño y el adolescente. Algunos factores que pueden alterar la interacción entre los padres y su hijo son las vivencias traumáticas, la patología mental de los padres,  los abusos de sustancias, la falta de deseo de paternidad, etc.

Hay estudios que confirman que hijos de madres menos sensibles y menos positivas hacia el embarazo presentan un peor rendimiento cognitivo a los 18 meses de edad. A los 5 años de edad, presentan más problemas de comportamiento, una interacción social más pobre y mayor frecuencia de comportamientos agresivos.

Es decir, la calidad de la relación temprana influye más allá de la propia capacidad de relación del niño; afecta además, a su capacidad intelectual y de regulación emocional.

Neurodesarrollo

Los niños con patologías del neurodesarrollo, tienen un peor estado de salud en general, con mayor número de ingresos hospitalarios y atenciones en urgencias, y una alta prevalencia de trastornos del comportamiento y de tipo psiquiátrico en la edad adulta.

Así mismo, su adaptación al sistema escolar es significativamente peor que la del resto de niños de su edad, con mayor riesgo de fracaso escolar, debido fundamentalmente a  las dificultades de aprendizaje asociadas a sus déficits cognitivos y a una mayor dificultad en la adaptación social e integración con sus iguales. Estos hechos dan lugar a un alto riesgo de exclusión social, tanto del niño como de su familia.

Cada vez existe un mayor número de estudios que destacan la importancia de la detección precoz de patologías o retrasos en el desarrollo neuropsicológico a la hora de obtener mejores resultados en la intervención. De la misma manera que un cerebro en desarrollo presenta una mayor vulnerabilidad  hacia el ambiente físico y psicosocial, su estado de mayor actividad metabólica en estos primeros años de desarrollo permite una situación de neuroplasticidad que da lugar a una óptima respuesta de posibles intervenciones tempranas.

Hay evidencias más concretas en el campo del autismo, donde niños con Trastornos del Espectro Autista (TEA) identificados a una edad muy temprana, con una intervención precoz e intensiva de profesionales y padres, tienen una mejora significativa en el rendimiento cognitivo general, así como en áreas de lenguaje y rendimiento motor, llegando a cursar niveles mayores de educación, que los niños con TEA identificados en edades más tardías.

En general, niños con retraso cognitivo, se ven beneficiados de una intervención temprana, acercando su rendimiento a la curva normal y mejorando su conducta tanto en clase, como en el domicilio familiar

Marcadores biológicos

Hay algunos estudios que apuntan a los mecanismos principales por los que el estrés de la madre al final del embarazo puede tener un efecto negativo en el parto y en el bebé. Parece que las hormonas de estrés, en particular los glucocorticoides, son en buena medida responsables, a través de sus efectos deletéreos sobre estructuras cerebrales como el hipocampo, la corteza cingulada, el cuerpo calloso y el vermis cerebeloso.

Por ejemplo, si un niño pequeño se pierde, se produce un dolor psicológico, llora pidiendo ayuda y cuidados, y su sentimiento de soledad activa los códigos neurológicos ancestrales: la secreción de CRH que trata de compensarse mediante los opioides cerebrales, la oxitocina o la prolactina que han ido “cultivándose” a través de la relación madre-hijo.

Incluso una única exposición a un acontecimiento estresante durante el embarazo incrementa la secreción materna de glucocorticoides, parte de los cuales pasa a través de la placenta al feto o embrión, incrementando la actividad del eje hipotálamo-hipofiso-adrenal y modificando el desarrollo del cerebro.

Los glucocorticoides son fundamentales para la maduración típica del cerebro: inician la maduración terminal, remodelan axones y dendritas y afectan a la supervivencia celular. Los efectos del estrés pueden estar mediados por alteraciones de neurotransmisores que atenúan su respuesta (Serotonina, Dopamina, Péptido Y, Noradrenalina, Galanina, etc) y que van a ser regulados a través del equilibrio hormonal (Cortisol, CRH, DHEA, Testosterona…).

Desde el punto de vista psicológico, lo más importante es que los efectos del estrés pueden ser contrarrestados por un cuidado adecuado posterior, lo que constituye la base de las intervenciones más efectivas en salud mental. Afortunadamente, posteriores relaciones con cuidadores que generen un vínculo seguro pueden normalizar su perfil basal de glucocorticoides en unas 10 semanas.

La detección precoz de la población de riesgo mediante marcadores fiables permitiría mejorar el pronóstico en etapas posteriores del desarrollo. Existe una estrecha relación entre el sistema hormonal, la capacidad relacional y el nivel de neurodesarrollo. Así, un estilo de apego no seguro determinaría un perfil hormonal basal desfavorable para la capacidad de adaptación al medio que acabaría influyendo de forma negativa en el desarrollo neurológico (disminuiría la capacidad de resiliencia del individuo). Así pues, los niveles basales de hormonas, como el cortisol o la CRH, podrían actuar como marcadores biológicos de riesgo para patología mental y del neurodesarrollo.

Junto a estos marcadores, el campo de la epigenética surgen otros asociados a situaciones de estrés vivido en etapas tempranas del desarrollo, como la metilación del gen del receptor de Glucocorticoides (NC3C1) o la longitud del telómero del DNA salival bucal. Ambos pueden obtenerse fácilmente de la saliva del niño y podrían estar alterados en casos de un a relación padres-hijo alterada.

LA RELACIÓN CON EL BEBÉ

(La importancia de las emociones)

Las emociones de los padres y la relación que establecen con su hijo son fundamentales para el adecuado desarrollo del pequeño.

Convertirse en madre o padre supone un gran cambio en la vida y es necesario un tiempo de adaptación. En este tiempo es normal que surjan temores, dudas y sentimientos encontrados que pueden afectar a la relación de los padres con sus hijos.

Muchas circunstancias pueden hacerlo más difícil y, por ello, hay especialistas que pueden ayudar a gestionar esas dificultades.

Además, hay casos en los que es especialmente recomendable consultar:

  • Embarazadas menores de edad, con enfermedad mental, que abusan de sustancias psicoactivas o víctimas de maltrato
  • Circunstancias sociales desfavorables
  • Historia de abortos repetidos o muerte previa de un hijo
  • Historia larga de dificultades para quedarse embarazada
Si sientes que puedes necesitar ayuda, o te identificas con alguna de estas situaciones, no dudes en comentárselo al personal que te atiende, o ponte en contacto con nosotros a través del correo info@neurologiaclinica.es o llamando al 91 104 28 57.
Trataremos tu consulta con la máxima discreción y confidencialidad, y te orientaremos hacia el especialista que mejor pueda ayudarte.

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