Pantallas y niños – Más allá de los píxeles
El impacto real de las pantallas en el desarrollo de la primera infancia
En la vida cotidiana actual resulta casi imposible entrar a un hogar, un restaurante o una sala de espera sin encontrar a un niño concentrado frente a una pantalla. Lo que comenzó como un entretenimiento ocasional se ha convertido en una práctica ampliamente aceptada, pero que cada vez despierta más preocupación entre la comunidad científica y educativa. Como especialistas en salud infantil, es necesario mirar más allá de la comodidad inmediata que ofrecen estos dispositivos y analizar cómo están configurando, de manera literal, el cuerpo y la mente de las nuevas generaciones.
La ciencia detrás de la inquietud
Miguel Cobos y Silvia Constante (2026) realizaron una revisión sistemática titulada Impacto del uso temprano de dispositivos digitales en el desarrollo integral infantil, en la que examinaron 27 investigaciones publicadas entre 2019 y 2024 centradas en niños de 0 a 6 años. Su conclusión fue clara: el uso temprano y excesivo de tecnología digital guarda una asociación consistente con efectos negativos en áreas clave del desarrollo físico, cognitivo, emocional y del lenguaje.
Desde la perspectiva de la psicología del desarrollo, autores clásicos como Piaget destacaban la importancia de respetar el proceso natural y progresivo del aprendizaje, fundamentado en la interacción física con el entorno. La exposición prematura a pantallas puede interrumpir etapas determinantes como la exploración sensoriomotora o el juego simbólico, esenciales para la adquisición del conocimiento. En la misma línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019) y UNICEF (2017) desaconsejan el tiempo de pantalla sedentario en menores de cinco años, debido a sus posibles repercusiones en el desarrollo socioemocional.
Un impacto multifacético en la salud física
El uso de pantallas influye no solo en los procesos mentales, sino también en el crecimiento y bienestar físico. Cobos y Constante destacan que el incremento del sedentarismo relacionado con las pantallas constituye un factor de riesgo para el sobrepeso y la obesidad, ya que favorece la ingesta de alimentos poco saludables y altera las señales naturales de saciedad al comer frente a dispositivos.
Entre los efectos más documentados destaca la alteración del sueño, presente en el 79 % de los estudios analizados. Además, investigaciones como las de Morales Briceño (2024) y Soto Cacao et al. (2024) alertan sobre la aparición del “síndrome de text neck” y desequilibrios motores en niños que pasan largos periodos inclinados sobre móviles o tabletas, afectando su postura y desarrollo motor.
Los desafíos socioemocionales y cognitivos
En el ámbito emocional, Cobos y Constante señalan que el déficit en habilidades sociales fue el efecto más frecuente, detectado en el 76 % de los casos revisados, seguido por cuadros de ansiedad y aislamiento. El consumo de contenidos digitales suele sustituir la interacción cara a cara, dificultando que los pequeños aprendan a leer gestos, controlar impulsos y construir una autoimagen positiva.
En el plano cognitivo, los retrasos en el desarrollo del lenguaje se muestran como una consecuencia directa de la falta de diálogo con adultos. Diversos estudios incluidos en la revisión asocian también el bajo rendimiento académico y las dificultades de razonamiento con la exposición excesiva a pantallas. Como advierte Desmurget (2023), un uso intensivo de dispositivos digitales puede deteriorar la atención sostenida y la autorregulación emocional.
Hacia un uso responsable y mediado
¿Implica todo esto que la tecnología deba eliminarse por completo de la infancia? La evidencia apunta más bien a diferenciar entre un consumo pasivo y no supervisado, y un uso activo y acompañado. Investigaciones como las de Dy et al. (2023) muestran que la mediación adulta puede reducir los impactos negativos e incluso favorecer ciertos aprendizajes si el contenido es apropiado.
El reto para las familias y los responsables de políticas públicas consiste en ir más allá de la recomendación de “limitar el tiempo” y promover una alfabetización digital temprana, junto con hábitos de higiene digital. La interacción humana directa y el juego libre deben continuar siendo los pilares del desarrollo infantil. Como concluyen Cobos y Constante, los riesgos del uso no mediado son significativamente mayores que sus posibles ventajas, lo que demanda prudencia y un compromiso activo con el bienestar integral de la niñez.
Si quiere tiene cualquier duda o quiere contactar con algún profesional puede hacerlo por los canales habituales, teléfono: 913875250, Correo electrónico: info@neurologiaclinica.es o a través de los formularios de la web contacto: Neurología Clínica Madrid

