Alta sensibilidad emocional

Alta sensibilidad

Alta sensibilidad emocional: una cualidad que requiere ser atendida desde la niñez

(Madrid. Lucila Rodríguez)

En 1991 la doctora en Psicología Elaine Aron acuñó por primera vez el término de alta sensibilidad emocional para describir un rasgo innato del funcionamiento del cerebro, y del sistema nervioso vegetativo, que aumenta la capacidad analítica, empática, creativa y emocional de las personas que lo poseen.

Se calcula que entre el 20% y el 30% de la población general tiene esta importante cualidad (no considerada enfermedad) que si no es manejada correctamente desde la niñez puede perjudicar el desarrollo personal y profesional, aunque los rasgos que la caracterizan no son del todo conocidos por la sociedad ni, incluso, por las propias personas que lo tienen, lo que dificulta su abordaje.

Por este motivo, la Dra. Marta Sanz, directora de la Unidad de Psiquiatría del Servicio de Neurología del Hospital Ruber Internacional de Madrid, ha publicado recientemente el libro ‘Vulnerabilidad y fortaleza. Personas Altamente Sensibles’ en el que se muestra, a través de la experiencia adquirida en grupos de aprendizaje en autorregulación, que la alta sensibilidad puede hacer a una persona vulnerable a la enfermedad, pero que si se regula y se trabaja adecuadamente es una cualidad extremadamente valiosa que ayuda a vivir con salud y momentos de plenitud.

Un cerebro diferente

Por ello, la doctora subraya la importancia de que estas personas entiendan el funcionamiento de su sistema nervioso y cuenten con herramientas para ajustarlo cuando se sobreactiva. Y es que, su cerebro funciona de manera diferente al del resto de la población, ya que tienen más activadas las áreas relacionadas con el procesamiento visual, la atención, integración de la información y la memoria.

Además, suelen poner atención a todos los detalles, lo que hace que necesiten más tiempo para realizar una tarea, y tienen una mayor actividad de la ínsula, la estructura cerebral relacionada con la ciencia del mundo interno y externo que conecta las emociones expresadas en el cuerpo con los sentimientos y la conciencia de uno mismo.

“Las personas con alta sensibilidad y una infancia bien construida tienen una mayor activación de las áreas relacionadas con la regulación emocional, lo que apoya la importancia de trabajar este rasgo desde la infancia y entrenar a los niños a adquirir las herramientas apropiadas de regulación emocional”, explica la doctora Sanz.

Pero, más allá de los rasgos neurológicos, las personas con alta sensibilidad emocional se caracterizan por tener una gran intuición y pensamiento sistémico; percibir cada detalle de lo que está sucediendo; tener una gran empatía y receptividad emocional; e, incluso, captar con facilidad detalles no verbales, estado de ánimo y credibilidad de las personas con las que interaccionan.

“La clave no está en tener los cinco sentidos muy desarrollados, sino en cómo gestiona el cerebro los estímulos que emocionalmente son significativos. Este aspecto es muy útil en ocasiones, pero si se sobrecarga la persona puede tener una sensación de cansancio, irritación, sobreactividad mental, inquietud psicomotriz y necesidad de aislarse”, detalla la directora de la Unidad de Psiquiatría del Servicio de Neurología del Hospital Ruber Internacional de Madrid.

Todas estas características y la forma de abordarlas se encuentran en el libro que ha publicado y en el que, además, se comparte la experiencia de personas que han participado en los grupos de aprendizaje puestos en marcha en la unidad desde el año 2020. “Es una propuesta profesional que consta de una parte psicoeducativa que se apoya en las evidencias científicas hasta la fecha y, la parte más importante, en un trabajo experiencial a través de herramientas que faciliten un mejor manejo de sus emociones, autoestima y relaciones interpersonales”, comenta la doctora Sanz.