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Ejercicio físico y función cognitiva

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      Desde hace tiempo se vienen publicando semanalmente (seguimiento con alertas bibliográficas en PubMed) una gran cantidad de trabajos que pretenden, en primer lugar, encontrar una relación directa entre el ejercicio físico y el funcionamiento cognitivo y, en segundo lugar, ofrecer recomendaciones específicas.

En la actualidad todos los estudios que se llevan a cabo con las terapias que se ofrecen a personas con deterioro cognitivo, y más específicamente con enfermedad de Alzheimer (EA), parten de estas premisas:

  • No hay cura; los fármacos pueden mejorar el funcionamiento cognitivo, pero no modifican la enfermedad.
  • No hay medicación preventiva.
  • El objetivo es retrasar o ralentizar el inicio.
  • Se deben implementar Terapias NO-FARMACOLÓGICAS para mejorar el funcionamiento cognitivo antes del inicio de la EA.

Ya es conocido el efecto del ejercicio físico (EF) como estrategia no farmacológica para la prevención tanto del deterioro cognitivo asociado a la edad como sobre grupos de personas con deterioro cognitivo subjetivo (DCS) o deterioro cognitivo leve (DCL).

Se considera que el EF puede tener efectos en una gran variedad de factores neuroprotectores.

También se han documentado cambios mediante resonancia magnética (RM) en personas que realizan EF frente a las que no lo hacen. La principal conclusión es que se reduce la densidad del tejido que se pierde con la edad.

Pero, ¿qué tipo de EF es el más recomendable?

Además del tipo específico de ejercicio hay una gran cantidad de variables que hay que tener en cuenta:

  • ESTIRAMIENTOS
    • AERÓBICO
    • RESISTENCIA
    • EQUILIBRIO
    • TAI-CHI

      La duración de la intervención a lo largo del tiempo

      La intensidad

      La frecuencia semanal

      El tiempo de cada sesión

      El tipo de ejercicio

ESTIRAMIENTOS

AERÓBICO

RESISTENCIA

EQUILIBRIO

TAI-CHI

  • La duración de la intervención a lo largo del tiempo
  • La intensidad
  • La frecuencia semanal
  • El tiempo de cada sesión

Los últimos estudios concluyen que el ejercicio aeróbico (caminar, nadar, bicicleta…) tiene un efecto moderado, clínicamente significativo, sobre la FC:

  • Cuando el ejercicio aeróbico es de intensidad moderada
    • 3 sesiones por semana
    • 45 minutos por sesión
    • En programas de 24 semanas de duración se observan beneficios que perduran en el tiempo, al menos 12 meses después.
    • Solo significativo en estudios con mejor adherencia al tratamiento

El interés del posible efecto del EF sobre la FC no es reciente; ya en 1998 un grupo de expertos de la OMS publicó un trabajo en el que se recogen dichos efectos positivos, no solo sobre la FC, sino también sobre la salud mental y los gastos sanitarios.

  • Disminución de los gastos en asistencia sanitaria.
  • Campañas que fomenten la actividad física como camino para obtener una mejor salud y su repercusión sobre:
  • Descenso depresión y ansiedad.
  • Mejor tolerancia al estrés.
  • Mejora de la autoestima.
  • Movilidad.
  • Enfer. Cardiovasculares.
  • Osteoporosis.
  • Caídas.
  • Diabetes.

Un estilo de vida pasivo es un importante factor de riesgo de tener una mala salud y una capacidad funcional reducida.

Por último, y como resumen gráfico, estas son las 10 recomendaciones para mantener el cerebro saludable según la Sociedad Española de Neurología y la Fundación del Cerebro.

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