El sueño bifásico (sueño partido)

Dormir en dos tandas: por qué vuelve el “sueño bifásico” y qué opina la neurología

Cada cierto tiempo, una vieja costumbre reaparece disfrazada de novedad. Estos meses le ha tocado al sueño partido o bifásico: dormir un primer tramo, despertarse un rato en mitad de la noche y volver a dormir hasta la mañana. En redes sociales se presenta como una forma de descanso más “natural”, casi como un secreto que la vida moderna nos habría hecho olvidar. La propuesta suena atractiva, pero conviene mirarla con calma antes de cambiar nuestras noches.

La idea no sale de la nada. El historiador Roger Ekirch documentó que, en la Europa anterior a la industrialización, mucha gente dormía en dos periodos separados por una o dos horas de vigilia. En ese paréntesis se rezaba, se charlaba, se atendía el fuego o se hacían pequeñas tareas. No era una técnica de bienestar, sino una consecuencia de la vida de entonces: se iba a la cama al caer el sol y la noche era, sencillamente, muy larga.

La literatura dejó rastros de aquella costumbre; el propio Cervantes alude al sueño dividido en la segunda parte del Quijote. Lo que hoy se vende como un método, en realidad fue durante siglos un modo de habitar la oscuridad.

Aquí es donde la mirada médica aporta matices importantes. En un reportaje de El Correo firmado por Julio Arrieta, la Dra. Laura Lillo —neuróloga, miembro de la Sociedad Española del Sueño y colaboradora de nuestra Unidad del Sueño— recordaba que los patrones de descanso han variado mucho entre culturas y épocas, y sería un error pensar que todas las sociedades durmieron siempre en dos tandas. De hecho, hay comunidades que mantienen de forma espontánea un sueño monofásico nocturno y que ni siquiera hacen la siesta: pesa el componente cultural, no solo las horas de luz.

Lo que funcionaba cuando la noche la marcaba una vela no se traslada sin más a un dormitorio con enchufes. Y señala un detalle nada menor: hoy, quien se despierta a las tres de la madrugada rara vez se queda a oscuras pensando; coge el móvil. Esa luz y ese estímulo aumentan el estado de alerta y dificultan volver a conciliar el sueño, justo lo contrario de lo que se busca.

Para entender por qué importa, ayuda recordar cómo funciona una noche de sueño. El descanso avanza en ciclos de alrededor de noventa minutos que se repiten entre cuatro y seis veces por noche, transitando por distintas fases. No todos los tramos son iguales: el sueño profundo, el más reparador en el plano físico, se concentra sobre todo en la primera mitad de la noche, mientras que el sueño REM, clave para el equilibrio emocional y cognitivo, gana peso en la segunda.

Programar un despertador para cortar ese proceso a medianoche puede reducir de forma drástica esas fases, de modo que, aun durmiendo un número parecido de horas, la calidad del descanso se resienta.

Conviene distinguir términos que a veces se mezclan.

  • Hablamos de sueño bifásico cuando el descanso se reparte en dos periodos a lo largo de 24 horas; el ejemplo más común y perfectamente saludable es dormir por la noche y echar una siesta breve.
  • El sueño polifásico, en cambio, fragmenta el descanso en tres o más episodios, y ahí es donde aparecen los problemas: esos esquemas tan troceados suelen chocar con el ritmo circadiano, el reloj interno que ordena nuestro cuerpo, y rara vez dejan completar suficientes ciclos de sueño profundo y REM.

 

Nada de esto significa que despertarse de noche sea una anomalía. Es normal tardar hasta media hora en conciliar el sueño y sumar otra media hora de vigilia a lo largo de la noche, ya sea de una vez o en breves despertares entre fases; esos desvelos no tienen ninguna trascendencia para la salud. La diferencia está en provocarlos de forma deliberada. Y hay un punto que a veces se olvida en el entusiasmo por las tendencias: lo que le va bien a una persona puede no servirle a otra. Alguien con insomnio, con trabajo por turnos o con un trastorno del sueño no debería experimentar por su cuenta siguiendo un vídeo viral.

¿Qué hacer, entonces, si uno se desvela?

La recomendación que manejamos en la consulta es sencilla y tiene respaldo. Si estás relajado, puedes quedarte en la cama quince o treinta minutos. Si ves que el sueño no llega o empiezas a inquietarte, es mejor levantarse, ir a otra habitación con poca luz y hacer algo tranquilo —leer unas páginas, escuchar la radio— hasta que vuelva la somnolencia. Entonces, de nuevo a la cama. Es lo contrario de pelear con el reloj mirando el móvil.

La moda del sueño partido tiene el mérito de recordarnos que no existe una única forma “correcta” de dormir y que nuestros abuelos lejanos descansaban distinto. Pero de ahí a convertirlo en un objetivo que perseguir hay un trecho. Si tu descanso es reparador, no hace falta romperlo en dos. Y si no lo es, la respuesta no está en una tendencia de internet, sino en revisar qué está fallando. En eso, precisamente, podemos ayudarte: si el sueño se te resiste de forma habitual, consúltalo con un especialista antes de rediseñar tus noches.

(Contenido divulgativo. No sustituye la valoración de un profesional sanitario.)

Fuente: declaraciones de la Dra. Laura Lillo recogidas en el reportaje de Julio Arrieta para El Correo, «Partir el sueño en dos, una moda que rescata una costumbre medieval».

Imagen de Dra. Laura Lillo Triguero

Dra. Laura Lillo Triguero

Neuróloga especialista en sueño. Unidad de Medicina del Sueño